lunes, 7 de julio de 2008

HAY UNA HIDRA EN NUESTRO PAÍS ¿SABÍAS?

En el mes de junio de 2008 publiqué en algún blog (Sendero o el Justo reclamo, no recuerdo) un texto intitulado ¿Dónde está Hércules? Considero pertinente reproducirlo como texto inaugural de este blog porque las condiciones que me movieron a escribirlo no han cambiado, por el contrario, es evidente que han empeorado y alimento la esperanza de que lo lean muchos y lo relean los que ya lo hicieron en aquella ocasión.

Dice así:

Según un mito muy conocido, existía en algún lugar de la península del Peloponeso, en la laguna pantanosa de Lerna, un monstruo, una serpiente de múltiples cabezas, 9, 12, o 100, según versiones, y de las cuales, una era inmortal.

La diosa Hera la había creado para cuidar la entrada al inframundo, pero principalmente, para que acabara con Hércules a quien odiaba por celos, ya que éste había sido engendrado por Zeus y Alcmena, uno de tantos amoríos del dios supremo de los griegos.

Zeus había dotado a Hércules de una fuerza descomunal gracias a la cual éste había podido convertirse en un exitoso héroe.

Hera, la diosa engañada, se rehusaba a aceptar tal hecho y con la complicidad del Rey de Mecenas, Euristeo, condenó a Hércules a realizar diez o doce trabajos a cual más difíciles de llevar a cabo. Uno de ellos, precisamente, consistía en enfrentar a la Hidra, el monstruoso reptil de Lerna, y matarlo.

Este colosal reptil policéfalo tenía en todo su cuerpo escamas duras como el acero y un aliento pozoñoso y mortal que expelía gases tóxicos por cada una de sus serpentinas cabezas, los cuales envenenaban las aguas y secaban los campos. Aún cuando dormía, el aire pestilente que la rodeaba podía matar a quien se le acercara.

Se decía que para que Hércules pudiera lograr su cometido, él tendría que tomarla de los cabellos, que eran las serpientes y mirarla a los ojos; quizá para que el monstruo se percatara de que su opositor no le tenía miedo.

Sin embargo, Hércules optó por ir cortando cada una de las serpientes, y lo aterrador fue que, cuando cubriendo su boca y su nariz para protegerse del aliento venenoso, cortaba con su hoz una a una las cabezas de la Hidra, éstas se multiplicaban por dos.

Tuvo que recurrir a la ayuda de un su sobrino llamado Yolao, el cual iba quemando con una tea los muñones del cuello después de cada decapitación. Al final, Hércules enterró bajo una gran roca la única cabeza inmortal de la Hidra y así liberó a la gente de Lerna de tan mortífero ser.

Metafóricamente se llama “hidra” a un peligro que renace constantemente o a un problema de muchas caras que es imposible resolver paso a paso o que empeora si se intenta su resolución por métodos convencionales.

México, nuestro país, al igual que muchos otros en este infortunado planeta, padece el acoso de una monstruosa Hidra de mil cabezas, no de 9 o 12 o 100, como aquella contra la que Hércules tuvo que luchar, sino de una y mil serpientes de mortífero aliento.

¿Qué nombre darle? ¿Cómo se llama esta Hidra que nos asfixia? Tal vez, ¿CORRUPCIÓN? o ¿AMBICIÓN DESMESURADA? o ¿LOCURA NEOLIBERAL? o ¿CAPITALISMO SALVAJE? o ¿IMPERIALISMO INHUMANO?

Todos esos nombres le quedan y algunas de las serpientes innumerables pueden ser:

- La insultante riqueza de los oligarcas (que no merecen, por otro lado, el nombre de mexicanos).

- El infame gobierno que está supeditado al poder económico y político extranjero y que ha renunciado a ser gobierno de los mexicanos para los mexicanos.

- Política agresiva a los pueblos que protestan (Atenco, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, etcétera).

- Presos políticos por el “crimen” de expresar sus ideas.

- Bancos en manos de extranjeros que además de estar actuando como usureros, están coadyuvando a la reconquista de los pueblos americanos.

- Televisión monopólica que produce estúpidas telenovelas y que manipula la información para más estupidizar a los ciudadanos.

- Violencia generalizada en el territorio patrio propiciada por el desgobierno al alebrestar a los cárteles del narco y al utilizar al ejército en funciones que no le corresponden.

- Lideres sindicales corruptos ajenos a los intereses de los obreros, de los campesinos, de los que realmente hacen el país porque son los que en verdad trabajan.

- Partidos políticos sin otro propósito en su miserable vida que luchar por lo electoral sin ofrecer verdaderas soluciones a los problemas lacerantes que nos están lastimando.

- Pobreza creciente de la mayor parte de la población y con intención aniquiladora de los más pobres.

- Educación básica mala para producir autómatas maquiladores que sólo puedan decir “sí, señor” agachando la cabeza.

- Privatización y degradación creciente de la educación a todos los niveles para convertir al país en absolutamente dependiente del imperio.

- Atentados extremos contra el medio ambiente físico y biológico, como está sucediendo con las tierras arrebatadas a sus propietarios para empresas depredadoras como Minera San Xavier o la presa La Parota.

- Prohibición a las comunidades de transitar en su propia tierra y acoso militar y paramilitar que amenaza de noche y de día la vida de sus habitantes.

- Niños que mueren de enfermedades curables, de desnutrición, de abandono.

Difícil para una sola persona enumerar todas las serpientes del monstruo voraz que impide el desarrollo libre y soberano de los mexicanos. Cada quien puede agregar a la lista carencias, agravios, descontentos, injusticias que seguramente excederán el número de mil y una, las serpientes de esta nuestra Hidra nefasta, ponzoñosa, mortal y despiadada que hoy muestra su peor cara, la privatizadora, la extranjerizante, la despojadora de la soberanía de México, la que pretende hacernos desaparecer como nación y convertirnos en simple colonia de intereses gringos y gachupines, principalmente.

¿Necesitamos en verdad un Hércules para liberarnos de ese monstruo hambriento?

¿Es AMLO nuestro Hércules?

¡NO! Él es un líder que no ha claudicado, que recorre el territorio nacional con el fin de abrir los ojos de las conciencias de la gente.

Pero nosotros, mexicanos, podemos cortar las cabezas de la ominosa, insolente Hidra que nos impide vivir en libertad. No necesitamos un héroe hercúleo, nosotros todos somos un Hércules multifacético, pero único y con enorme fuerza; y esto, con su incansable y honesta actividad nos lo viene diciendo Andrés Manuel.

Pero ¿cómo proceder? ¿Podemos intentar decapitar las serpientes (no olvidar que son miles) una a una? Hay que recordar que para que la Hidra muera en verdad, es necesario acabar con su cabeza principal, cortarla de raíz. Y lo primero es: reconocerla, verla a los ojos, no voltear la mirada a otro lado como si no pasara nada.

Somos muchos y diferentes, pero todos estamos atosigados, todos condenados a sufrir, más temprano que tarde, la miseria a la que unos cuantos nos están arrojando.

Y, sin embargo, todos conformamos nuestro propio Hércules (AMLO incluido); nuestra fuerza está en la unión y en la organización. ¿Quién podrá derrotar a un pueblo unido y organizado?



1 comentario:

marjos dijo...

este comentario es una invitación a las personas que estén a favor de un México soberano y que deseen señalar problemas o propuestas de solución para que envíen comentarios o colaboraciones. Única reserva: no se publicarán textos que contengan insultos y/o falacias.