sábado, 30 de agosto de 2008

DROGAS A LA PUERTA DE TU CASA

Los jueves o los viernes al mediodía llega un carro azul pálido, grande, un Rambler modelo antiguo, pero no maltratado. El conductor, hombre de voz cavernosa y rostro decidido aunque ajado, saluda de pasada a los polis de la caseta y avanza por la larga calle privada. Al fondo, coronando el gran camellón arbolado, hay una glorieta con un frondoso roble en el centro; allí, lo más cerca posible de la sombra, se estaciona el Rambler; después de abrir la portezuela, el hombre enciende la radio del auto a todo volumen con gran descontento de los vecinos. Luego se apea, llama a los chavos y no tan chavos que andan por ahí, que van acercándose, que se congregan a su alrededor. Saluda sonriente, les entrega unas bolsitas de plástico con algo como sal o como bicarbonato y recibe dinero a cambio. Luego convida cervezas para todos y se arma la fiesta. Una hora más tarde, el auto, como vino se va, pero el jolgorio sigue, a veces hasta las dos de la mañana.

Cuando algún vecino llega a su hogar en taxi, sea la hora que sea, los vigilantes de la entrada piden al chofer una identificación y preguntan al usuario que a qué casa va y que cómo se llama, y cuando el taxi avanza hacia el interior, lo asientan minuciosamente en una libretita negra y anotan el número de las placas. El auto azul que entra los jueves o los viernes a la privada Miraflores, el viejo Rambler, lo hace sin más trámite.

Este blog, como su nombre lo indica, tiene la intención de abrir conciencias y lanza una invitación a todas las personas que estén a favor del rescate de un México soberano, hoy enajenado por intereses ajenos al pueblo, y que deseen señalar problemas o propuestas de solución, para que envíen comentarios o colaboraciones. Única reserva: no se publicarán textos que contengan insultos y/o falacias

sábado, 23 de agosto de 2008

COITUS INTERRUPTUS

Los sábados la estudiante se queda en casa. A las siete se despierta, remolonea en la cama y a las ocho se levanta; se baña, se viste, desayuna, asea sus dientes.

Luego saca sus libros, enciende la computadora, recorre las cortinas, toma café, cómodamente se sienta a trabajar.

Abajo, algunos hombres barren, otros cortan el pasto, otros modelan los setos. Todo tranquilo. El ruido del tráfico no llega hasta el octavo piso donde vive la estudiante; tampoco se escuchan los pasos de las personas que van al super o a caminar o a buscar transporte o a lo que sea.

A las doce, ella está concentrada leyendo y tecleando, tal vez navegando. En ese instante el entorno se rompe en mil pedazos con el sonido, potente y triste a la vez, de una trompeta.

El hombre que toca el instrumento, la vista hacia el cielo, el paso calmado, camina por los jardines de la Unidad. Interpreta cada sábado el mismo repertorio: valses, canciones de la ciudad, viejas melodías.

Al oírlo, la estudiante respinga, se levanta, va a la ventana, la abre, arroja con fuerza una moneda y grita: “¡váyase, váyase, váyase!, ¡ya!”. Sus gritos, como balde de agua, apagan la trompeta.

El hombre, cuyo nombre es Tomás, sale al poco tiempo de la Unidad, va a reunirse con sus cinco hijos, con su mujer que le esperan en el jardín cercano. Ya juntó lo suficiente para que puedan comer ese día...

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martes, 19 de agosto de 2008

CAQUITAS DE PERRO


La señora Dolores Cáder deja muy de mañana su departamento. Ella es secretaria ejecutiva de la empresa Pidireghost. No le va mal con su salario y en la oficina todos la respetan. Con el portafolio en la mano y su bolso al hombro, sale del edificio “Alborada” y con paso muy firme, la mirada al frente, camina por el andador hacia el lugar donde está estacionado su auto. Antes de abrir la portezuela, ve a la mujer que está ya, a las 8:30 como todos los días, recogiendo la mierda de la noche anterior.Buenos días, Eulalia.” “Bs ds”, responde Eulalia sin levantar la cabeza. La señora Cáder, amablemente le pregunta: “¿y dónde anda su perrita?”. Pero Eulalia está ocupada, sólo señala con la mano algún lugar indefinido.

A las cinco de la tarde, la señora Dolores Cáder regresa y se estaciona en el lugar que le corresponde. Después, el taconeo de sus pasos da cuenta del buen humor que le produce la próxima comodidad de su hogar. Vuelve a saludar a Eulalia, que sigue por allí, y, lo mismo, no obtiene respuesta.

Eulalia continúa recogiendo cacas de perro, las cacas de los perros que los condóminos sacan a pasear y que ellos, inciviles, no se dignan recoger. Ese es el trabajo de Eulalia de siete de la mañana a siete de la noche, de lunes a sábado.

La secretaria ejecutiva Dolores Cáder, afortunadamente, sólo trabaja 6 horas al día y descansa los sábados y los domingos.

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martes, 12 de agosto de 2008

DE GATOS Y DE RATONES

(Cuento ya conocido, pero reloaded)

Había un pueblecito habitado por ratones que vivían buscando su comida y que a ratos jugaban, se y divertían y se... reproducían. Eran como nosotros y hasta tenían sus gobernantes.

Cuando era día de elecciones, muy cumplidos, iban a votar y elegían a los que les parecían mejores. Pero el caso era que los gobernantes eran los gatos negros y, en realidad, los ratoncitos no estaban muy a gusto con ellos porque les hacían pasar mala vida.

Un día, cansados de los gatos negros, tuvieron una reunión y decidieron rebelarse y votar en la próxima elección por gatos blancos. Sin embargo, tampoco les fue bien, nada bien, Los gatos blancos eran igual de malos que los gatos negros.

Entonces, luego de ponerse otra vez de acuerdo, decidieron elegir a gatos negros y blancos, es decir, optaron por que los gobernara una coalición esperando que los gatos negros y los blancos no se permitirían unos a otros abusar del poder. Lo cual, por supuesto, no remedió la situación de los ratones.

Ciertamente los gatos tenían muy buenas leyes, pero eran leyes para los gatos. Por ejemplo, ordenaban que los agujeros por donde entraban los ratones a sus guaridas, tenían que ser lo suficientemente amplios para que los gatos pudieran meter sus patas sin dificultad. Otra ley ordenaba que era deber de los ratones correr a una velocidad media para que los gatos no tuvieran mucho trabajo para conseguir el desayuno.

Los ratones estaban hartos y desesperados hasta que un ratoncillo, más listo que los demás, les hizo comprender que la única forma de poder vivir en paz y con felicidad era eligiendo para el gobierno a ratones y no a gatos.

Los gatos, al saber esto, gritaron furiosos: “¡Ese ratón es un bolchevique, un comunista! ¡Es un terrorista!, vociferaron. ¡Hay que meterlo a la cárcel!” Y lo metieron.

Entonces, desde detrás de las rejas, dijo el ratoncillo a los demás ratones: “Podrán meter a la cárcel a un ratón, a todos los ratones, pero jamás, jamás podrán encarcelar a una idea!

Pasaron los años, los gatos negros y los gatos blancos siguieron gobernando, a veces en coalición, a veces turnándose y hasta se dieron el lujo de admitir a los gatos grises en la tarea de gobernar y de encarcelar a más y más ratones.

Sin embargo no todo era felicidad en el mundo gatuno. Había envidias, voracidad en la tarea de pescar ratones o de menos atosigarlos sin cesar; había insaciable avidez de poder: ¡Arriba los gatos negros! ¡Que no, que vivan los gatos blancos! y los grises tratando de ser conciliadores...

Los ratones, entre tanto, esperando, esperando, pensando y organizando la resistencia. Y como, en verdad las ideas no pueden ser encarceladas, un día prendieron como fuego en pastizal seco y la res pública de los gatos feneció para siempre. Y colorín, colorado este cuento ¿se ha acabado?

domingo, 10 de agosto de 2008

LA RESISTENCIA CIVIL PACÍFICA, O ES EN SOLIDARIDAD O NO ES NADA

Hoy que la derecha está más que nunca en pie de lucha (lucha sucia, por supuesto) para ir “con todo” contra los que creemos que un México mejor es posible y que hay que cambiar, sí, cambiar desde nosotros mismos, hoy, digo, muchas personas que votaron por AMLO y el PRD reniegan de ambos y se han convertido en el mejor caldo de cultivo para que se desarrolle el virus del fascismo. (Si no saben lo que es el fascismo, indaguen, pregunten a los sobrevivientes, que todavía los hay, acerca de la guerra civil española y de la dictadura de Francisco Franco).

Los hay que fueron furibundos partidarios del PRD y en la campaña hacían volantes y regalaban camisetas y cuanto hay porque pensaban que al ganar AMLO la presidencia, tendrían manera de obtener algún jugoso hueso o, al menos un huesito. Como eso no sucedió, hoy son furibundos partidarios del PAN y esperan rezando el 2009 o, de perdiz, el 2012.

Hay otros que no iban por cargo alguno, que simplemente simpatizaban con AMLO porque lo percibían honesto, pero como no ganó (porque le robaron la elección, entiéndase), ya no lo quieren y se hacen eco de las mentiras sucias e idiotas que andan pregonando los panistas.

Y así hay muchos; muchos que cuando los medios se dignaban publicar las encuestas que favorecían a AMLO, se volvieron perredistas y amlistas, sin siquiera tomarse la molestia de leer el Proyecto Alternativo de Nación… Sólo guiaban sus simpatías por lo que decían las encuestas.

Lo peor: hay perredistas que hoy son protopanistas, gente que anduvo en la campaña de AMLO como directores de... o coordinadores de... y que hoy se solazan en boicotear lo que entonces aparentemente defendían. ¿Qué decir de la olla de grillos en que está convertido el PRD? ¿Cuántos de los que llegaron a senadores, a diputados están realmente trabajando por el bien de la sociedad? ¡Qué pronto se olvidaron de que fueron elegidos por los mismos que votaron por Andrés Manuel López Obrador! Ahora ya en sus curules eso les tiene sin cuidado y, bajita la mano, descalifican sus propuestas, aquellas que movieron a la gente a votar por el PRD. Reniegan pues de los principios que, en realidad, nunca tuvieron.

Hay también (lo que son las cosas) mujeres de la tercera edad que odian a AMLO por “populista” como “bien nos dicen en la televisión”, alegan (sin preguntarse por qué ser populista tiene que considerarse nefasto), pero que no tienen reparo en recibir los $750.00 de pensión alimenticia que hoy obtienen gracias al Peje.

Y ¡claro!, padrecitos que regañan a sus feligreses desde el púlpito por haber votado por AMLO que “no era otra cosa que un peligro para México y que no cree en Dios” y que por lo tanto, ya no hay que hacerle caso, pues ahora lo único que anda haciendo es estorbar al “buen presidente Calderón”.

Sin reflexionar mucho, podríamos pensar que nuestro país está podrido. Pero no, los podridos son los que detentan el poder en complicidad con los empresarios, las televisoras y los apátridas que no faltan, aquellos cuya única patria es la ganancia, el dinero.

Estos podridos de siempre se han encargado, desde hace muchos, muchos años, de mantener en la ignorancia a la gente, a los pobres de las ciudades, a los campesinos, a las amas de casa que sólo están pendientes de las telenovelas.

Ejemplo de esto: si vas al campo y le preguntas a algunos: ¿por quién votaste? Te responderán que por el PRI. ¿Y por qué? les dices. Y ellos contestan: porque los del PRI sí vienen a nuestro pueblo y porque el PRI tiene los colores de mi bandera y de mi virgencita de Guadalupe.

De esto se están a aprovechando ahora los del PAN, o mejor dicho, los del PRIAN. De la ignorancia, de la pobreza, de la indefensión de la gente.

Y los que más o menos saben cómo andan las cosas, porque leen, porque se informan, porque tienen dignidad y principios ¿qué hacen?

Hay escritores, gente de saber, articulistas, que escriben cosas muy sesudas (no lo digo con sarcasmo), que explican o tratan de explicar la realidad mexicana: que si los energéticos, que si el agua, que si la deforestación, que si la seguridad social, que si la corrupción de los funcionarios, la corrupción de la justicia, la corrupción de los legisladores, de los líderes sindicales, que si el desempleo, que si el insultante aumento al salario mínimo, que si el maíz y la tortilla, que si la cultura, la ciencia y la tecnología, que si los gringos, que si la guerra sucia, etcétera, etcétera,.

¡Muy bien! Si todo lo que estos analistas escriben y publican en La Jornada, en Proceso, en los blogs, en El Universal a veces, en el ¡Por Esto! o lo hacen saber a través de RadioUnam y otros medios, si todo ese saber, repito, lo supieran los campesinos, los pobres de las ciudades, las amas de casa enajenadas, no habría nadie que votara por X partido sólo por los colores o por motivos religiosos, o por sacos de cemento, o por láminas, o por despensas (limosnas electorales, después de todo).

Pero, debido precisamente a la ignorancia ancestral que agobia a gran parte de las gentes, ellas no entenderían las reflexiones de muchos de los analistas que escriben para otros analistas o para gente más o menos “leida y escrebida”. Y, por otro lado, ¿acaso quienes viven en la pobreza cotidiana pueden comprar el Proceso o tienen acceso a internet? Muchos ni siquiera pueden darse el lujo de gastar $10.00 para adquirir un diario y, si disponen de esos $10.00, la mayoría prefieren adquirir periódicos de deportes o de nota roja; ¿por qué? ¿Será acaso por falta de cultura política o porque con esa literatura-gráfica se evaden de las preocupaciones de su pobreza?

¿Qué tal si “los que más o menos saben cómo andan las cosas” en nuestro país se acercaran a ese gran público de lectores a través de los diarios y revistas que ellos acostumbran leer?

Además, en esta precariedad de información para la gente acerca de la realidad, no faltan quienes diciéndose “de izquierda” introducen en sus escritos ruido derechista y con eso provocan confusión. Y no digo que si eres de izquierda no puedas hacer críticas ¡oh, no! Pero hay de críticas a críticas y lugar, modo y momento de hacerlas, y si no lo sabes, mejor cállate. Y si te equivocas, reconócelo y rectifica.

En fin, todo esto es sólo para invitar a quien quiera y pueda a hacer algo efectivo para aminorar, para acabar con la ignorancia que esclaviza a las personas.

¿Qué esperan, por ejemplo, los antropólogos sociales para ir a las comunidades y decir a la gente lo que en verdad está pasando en vez de sólo tomarlas como objeto de foto y artículo? A cambio de lo que las comunidades le aportan al antropólogo ¿qué reciben ellas? ¿Acaso, por lo menos, los beneficios de la alfabetización básica y ampliada?

¿Qué impide que los que saben de cuestiones económicas pongan frente al pueblo mexicano, en palabras simples y claras cuánto ganan los que sí ganan para que lo comparen con los salarios que cada quien recibe? No hablar de porcentajes, por favor, sino decir, por ejemplo: “aquí están los sueldos del presidente, de los secretarios, de los diputados, de los senadores, de todos y cada uno de los especimenes de la fauna de la alta burocracia, y aquí esta lo que ganas tú, obrero, tú campesino, tú albañil, tú prestadora de servicios a domicilio, tú enfermera, tú médico del IMSS, del ISSSTE, del Hospital General, tú empleado de limpia, tú cartero, tú maestro de primaria.

Y lo mismo, ¿no se podría exponer en qué consiste la comida de los pobres, de los de medianas posibilidades, de los que comen poco o nada frente a la comida diaria de cualquier banquero, empresario, líder sindical corrupto, o político que vive del presupuesto?

Ilustrar también (con fotos, por supuesto) la diferencia entre las residencias de los privilegiados, de los políticos, de los banqueros, de los grandes funcionarios, y el departamentito del obrero, del empleado que tiene sólo dos recámaras pequeñas, un baño donde no funciona nada, una cocinita donde sólo cabe una persona, y la casa del campesino de un solo cuarto algo grande, cierto, pero donde viven seis o siete y hasta ocho o diez personas, y también la casucha, que apenas se sostiene, de cartón y láminas de las ciudades perdidas.

Y ¿Por qué no preguntarles a los desamparados, a los que a duras penas sobreviven, cuántas veces en su vida han ido con sus hijos a disfrutar unas vacaciones y mostrarles a dónde van los potentados y a dónde los políticos y quién paga sus costosos viajes?

Y también que conozcan las diferencias entre la atención médica a la que tienen acceso los poderosos y la que reciben ellos a través de la “seguridad social”, ahora más jodida que nunca.

Y los que saben de derecho, ¿no se les ocurre alguna manera sencilla -simplificando tecnicismos jurídicos para que todo mundo entienda- de enseñar a la gente que no llegó a hacer estudios más allá de la secundaria, cuando bien les fue, cuáles son sus derechos y cómo hacerlos valer?

Y los historiadores, ¿no tienen un tiempito para elaborar cuadernillos sobre la verdadera historia de México, sobre el capitalismo, sobre los pueblos hermanos de América Latina, y ponerlos al alcance de la gente común y corriente para abrir conciencias a través del conocimiento histórico? No se necesita ser panfletario, basta con referir los hechos y los procesos, con honestidad, sin desvirtuar la realidad.

En cambio, los medios, principalmente la televisión, aunque también la radio y la publicidad comercial, engañosamente meten en la conciencia de las gentes la idea de que así están bien las cosas, de que así es el mundo, de que así ha sido siempre. Estas gentes engañadas, por supuesto que, de alguna manera, conocen las diferencias entre la vida de miserias que sufren en carne propia y la de los que disfrutan de la abundancia; lo que no acaban de saber, asediadas como están por la propaganda y el adoctrinamiento sesgado, es que ese mundo injusto, en verdad DEBE Y PUEDE CAMBIAR.

Hay una enorme mayoría conformada por los que nada tienen, por los que no pueden solventar satisfactoriamente las necesidades básicas de vivienda digna, de comida, de salud, de educación, y hay unos pocos que lo tienen todo gracias a la explotación directa o solapada que ejercen sobre los excluidos. Esto, tiene que cambiar; las armas que se necesitan para lograrlo deben ser la razón y la resistencia pacífica, pero ésta, para que sea eficaz o es en solidaridad o no es nada.

Me cae que muchos también estamos podridos en la medida en que sólo pensamos en nosotros mismos y los demás nos valen. ¡Qué triste este México de hoy! El colmo: excepto unos cuántos, ¡no se oye la voz de los estudiantes a quienes siempre se les ha visto generosos!

Sin embargo, entre los obreros, entre los campesinos, entre los maestros, entre los pueblos indígenas, y aún entre gente de clase media, hay quienes son concientes y ferozmente luchones. ¡México tiene esperanzas!, pero sólo si nos unimos, si nos dejamos de egoísmos y de querer ser protagónicos; si, humildes en vez de soberbios, generamos esfuerzos solidarios compartiendo con otros, comenzando con los que nos son cercanos, lo que alcanzamos a saber de la realidad.

jueves, 7 de agosto de 2008

DOS MONEDAS

El hombre, recargado en el muro, estaba en cuclillas, la cabeza gacha, la mirada perdida en el abigarrado rodar de los autos. Con una mano pretendía cubrir la espalda de uno de sus dos hijos, la otra permanecía extendida. La mujer, con su carrito repleto de víveres rumbo al estacionamiento, pasó frente a él sin prestarle atención. El Sol abrasaba perpendicular e inclemente sobre ese pequeño momento del mundo de concreto. El niño que dormía bajo la mano protectora, despertó de pronto con un chillido en tanto el otro continuó jugando con sus corcholatas. La mujer, al oír el llanto inesperado, se sintió compasiva y generosa y dio unos pasos atrás. Depositó en la mano hambrienta dos monedas, una de cinco pesos, otra de dos. El hombre cerró los dedos de uñas negras sobre la palma y no dio las gracias; la mujer levantó los hombros y prosiguió su camino jalando el carrito que desbordaba víveres. El Sol continuó, indiferente, realizando su tarea.

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