DOS MONEDAS… ♫
El hombre, recargado en el muro, estaba en cuclillas, la cabeza gacha, la mirada perdida en el abigarrado rodar de los autos. Con una mano pretendía cubrir la espalda de uno de sus dos hijos, la otra permanecía extendida. La mujer, con su carrito repleto de víveres rumbo al estacionamiento, pasó frente a él sin prestarle atención. El Sol abrasaba perpendicular e inclemente sobre ese pequeño momento del mundo de concreto. El niño que dormía bajo la mano protectora, despertó de pronto con un chillido en tanto el otro continuó jugando con sus corcholatas. La mujer, al oír el llanto inesperado, se sintió compasiva y generosa y dio unos pasos atrás. Depositó en la mano hambrienta dos monedas, una de cinco pesos, otra de dos. El hombre cerró los dedos de uñas negras sobre la palma y no dio las gracias; la mujer levantó los hombros y prosiguió su camino jalando el carrito que desbordaba víveres. El Sol continuó, indiferente, realizando su tarea.
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