lunes, 14 de julio de 2008

¿BUSCA USTED EMPLEO?

La señora Carmelita de Lux sale varias veces al día: a las 7:00, en su auto, lleva a los niños a la escuela; después vuelve al hogar, se baña, se arregla y desayuna; ocasionalmente mira el periódico. Luego acude al supermercado a comprar quién sabe cuántas cosas. De pasada, entra al VIP’S para tomarse una taza de café con Elenita, su amiga y vecina que todos los días acude también a la misma hora, con el mismo propósito: tomar café y parlotear.

Cuando regresa, ya Chole ha hecho las camas y ha pasado la aspiradora. Doña Carmelita gusta de guisar ella misma, con la ayuda de Chole, claro, y cuando termina, a la una, va a recoger a los chicos; ya en casa, comen, conversan un rato; a veces les pregunta cómo les fue en la escuela y luego les dice:” vean tele una hora, pero en seguida, a la tarea”. A las cuatro de la tarde, muy peripuesta y en traje deportivo, vuelve a salir; va a su clase de yoga y retorna a las seis.

Y siempre, siempre, siempre, a toda hora, ve allí, a la entrada de la Unidad Habitacional que está frente a su casa, al hombre de la camisa roja, al de los lentes oscuros, y de la tez requemada. ¿Qué hace este hombre? Dicen que hace trabajos de plomería. A ella le provoca atención por la persistencia.

Una vez, la señora de Lux lo mandó llamar para que revisara la flama de su estufa. El hombre de la camisa roja, malencarado, casi grosero, fue, apretó un tornillo y le cobró setenta pesos. ¿Habrá otras personas que soliciten sus servicios?

Como sea, a las siete, a las diez, a la una, a las cuatro, a las seis, todos los días de lunes a sábado el hombre está allí, sentado en una bardita, con sus lentes oscuros, con su piel renegrida, leyendo algún periódico viejo, mirando pasar a la gente, al tiempo; al pie del cañón como buen soldado, esperando… ¿qué?

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