jueves, 24 de julio de 2008

BELLEZA INCREÍBLE *


Aparte de que son esplendorosas, no sé nada sobre orquídeas y preferiría no decir cuánto tiempo guardé la idea equivocada de que las únicas orquídeas existentes eran las que venían encerradas en una caja con cubierta abombada de plástico transparente y se entregaban a una dama en ocasiones extraordinarias: una graduación, un baile de gala. Si dadas las circunstancias, alguien en casa recibía una sin que hubiese un evento en el cual pudiera lucirse prendida en el pecho, iba a parar al refrigerador con todo y caja a fin de prolongar su vida y éste se abría más que de costumbre sólo para contemplarla. Con el tiempo me vino a la mente una señora que, aislada en un campamento minero, dedicó su tiempo a la jardinería y, entre sus plantas, en huacales colgados de los árboles, cuidaba unas orquídeas miniatura que a mi me parecieron algo del otro mundo. Mas tiempo me llevó tiempo enterarme de que el líquido negro que usaba a cucharaditas en los pasteles provenía de una orquídea y otro tanto, saber que la procedencia de éste era papanteca.

Así agregamos puntos a los encantos de Veracruz, que cuenta con una diversidad de orquídeas silvestres en sus bosques y selvas. No hay necesidad de adentrarse en éstos; el visitante que llega a Coatepec, San Marcos o Xico a finales de la primavera no podrá sustraer la vista a explosiones de amarillo procedentes del jardín interior de una casona colonial, o incluyendo a Xalapa, en una calle cualquiera, una vuelta a la esquina y ya se vislumbran racimos cuajados de diminutas orquídeas amarillas, que iluminan el balcón del que penden, el patio en el que viven, el árbol del que sobresalen. Alguien con ojo avisor, descubrirá otras mas, diferentes en color y tamaño que compiten en belleza.

Abrirse al mundo de las orquídeas es un viaje sin fin. De acuerdo a un artículo de la revista “Natural History”, hay 30 000 especies sólo en su entorno natural; y las híbridas (especies creadas por los horticultores artificialmente), se cuentan en miles de decenas.

Los británicos han gozado fama de naturalistas y colectores en grado exagerado. Su obsesión rayó en locura durante la época victoriana cuando las orquídeas se pusieron de moda. Los nobles y los burgueses enviaban expediciones para colectar plantas exóticas a todas partes del mundo; y los viveristas sacaron provecho de dicha locura para empezar negocios de orquídeas tropicales. Estos últimos dependían completamente de los cazadores de orquídeas, pues hasta ese momento nadie tenía experiencia en el cultivo de las mismas. En su libro “Ladrón de orquídeas” la autora, Susan Orleáns, usa todo un capítulo para mostrar el grado de competitividad al que estos europeos (también los franceses se contaban en esta manía colectora) eran capaces de llegar: Los cazadores debían ser tan fuertes como cazadores de animales y tan resistentes como soldados pues tendrían que adentrarse en selvas y lugares inhóspitos, desde la selva tropical hasta las faldas del Himalaya. La competencia se continuaba entre los cazadores, espiándose y boicoteándose entre sí: “odiando a tal grado que el otro “competidor” encontrara plantas, que después de colectar, quemaban el sitio en caso de que a ellos se les hubiera escapado alguna.” La cacería de orquídeas llegó a ser una ocupación mortal y el principio del capítulo enumera una larga lista de cazadores que perdieron la vida: ahogados en el Orinoco, desaparecidos en algún lugar de Asia o Centroamérica, inclusive asesinados o muertos a causa de alguna enfermedad tropical. Pero la cacería no se suspendió. Los viveristas construyeron invernaderos más grandes y más sofisticados para albergar a las orquídeas de Brasil, México, Filipinas, o cualquier otro sitio exótico y llamativo para los colectores y viveristas y finalmente aprendieron a reproducirlas en casa.

En tiempos modernos, la obsesión continúa, tal vez sin riesgo de la propia vida, pero un aficionado empieza con un ligero enamoramiento para prendarse de ellas indefinidamente. Hace tiempo consideré que con una docena de orquídeas diferentes tenía una interesante colección, cuando llegó una joven señora y me dijo que ella tenía más de cien. En Xalapa y sus alrededores se tropieza uno con orquídeas al salir a la calle, lucen en macetas de los balcones, ayer mismo me encontré unas sobresaliendo de una azotea, parecía que se cuidaran solas, al igual que la brassia verrucosa, comúnmente llamados “grillos”, en los bosques (aún existentes alrededor de Rancho Viejo), o al doblar la esquina, en el puesto improvisado cerca del mercado donde los marchantes ofrecen desde nopales y rabanitos hasta orquídeas de temporada. Recientemente estuve en un taller para cultivo de orquídeas, en él, un participante mencionó, que en regiones veracruzanas, el aficionado las tiene en una división muy peculiar, “las corrientes” y las “finas” refiriéndose a que una orquídea que por el sólo hecho de prosperar en los bosques sin ayuda, es “corriente”, formando jerarquías y recordé que se ha nombrado a las orquídeas como la aristocracia de las plantas.

La obsesión por colectar está aún presente y las orquídeas se suman a las especies en peligro de extinción, una, porque al crecer en las selvas y bosques sufren la deforestación, otra, porque algunos colectores, con tal de obtener la orquídea que crece en lo alto, tiran el árbol, matando así la casa en la que se propaga la especie.

Para cuidar estas bellezas, se necesita buena mano o “dedos verdes”, como carezco de esto, me resigno a contemplarlas en exhibiciones, ya sean las “finas” de la asociación de orquídeas o en los bosques donde sé dónde y cuándo las voy a ver florecer y les doy crédito a las “corrientes” como canelitas, grillos, pulpos y manuelitos y las laelias o lirios de todos santos y admiro su entereza porque son capaces de florear a pesar de mis descuidos.

Recomiendo a todo aquel que pueda, leer el libro de Susan Orleáns “Ladrón de orquídeas” (que no tiene nada que ver con la película excepto el personaje de Florida que enloquece por las orquídeas y la localidad donde buscan a la polyrrhiza lindenii) en especial el capítulo 5 “A mortal occupation”. Y por supuesto una visita al jardín botánico Clavijero, en Xalapa, donde, en la entrada, en verano, siempre tienen alguna orquídea en flor en exhibición aparte de las que se descubran en el recorrido al bosque.

* Es una colaboración de Victoria Vovides

Rancho Viejo

Junio de 2007

SOBRE LA SOLIDARIDAD UNIVERSAL

El presidente de Venezuela pidió, no hace mucho, una explicación a la Unión Europea acerca de la medida que se ha tomado contra los inmigrantes, a la que han denominado eufemísticamente con la pulcra expresión: “Directiva de retorno”.

Bueno, que no sólo explique la UE al presidente Chávez lo que significa la ley de expulsión de inmigrantes irregulares, sino que también nos de una explicación a los que pertenecemos a América Latina y África principales lugares originarios de esos inmigrantes irregulares (que no ilegales, porque no son delincuentes por el hecho de buscar medios de vida con su trabajo). Que no nos vengan con que la susodicha ley es benéfica (¿para quién?).

Y que no se les olvide, europeos, que Europa es lo que es ahora gracias al ejercicio de su probada y re-probada vocación colonialista. Los países con mayor acceso hoy al bienestar económico, Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania, Bélgica, Italia, etcétera, y el descendiente de aquel imperio donde no se ponía el sol y su hermano peninsular que fue quien abrió las puertas de la esclavitud a gran escala, crecieron a la sombra de la explotación de sus colonias y del sometimiento de los pueblos, dueños originarios de los bienes que despertaron en los europeos el hambre insaciable, la ávida codicia, la cruel apetencia que satisficieron a costa del trabajo, la sangre y la muerte de millones de seres humanos.

¡Que den una explicación honesta, en desagravio, los civilizados europeos en vez de andar pensando en expulsiones racistas y en reconquistas!

Creo que cada vez es más necesario y urgente que asumamos que la solidaridad universal, es la única que puede salvar a la humanidad de la perversión neoliberal.

Pero ¿qué es esto de “solidaridad universal”? ¿Significa, entonces, que debemos ser solidarios con la Unión Europea, con Estados Unidos, con los antiguos colonialistas y con los modernos poseedores del poder económico, igualmente explotadores ayer como ahora?

No, la expresión “solidaridad universal” no tiene que ser remitida a países, a regiones Norte-Sur, a desarrollo-subdesarrollo, a primer-tercer mundo. En cualquier lugar, en cualquier rincón de nuestro maltratado planeta existe gente que sufre de pobreza, de hambre, de enfermedades, de abandono; gente que carece de vivienda digna, de acceso a la educación, de disfrute del siquiera mínimo esparcimiento; madres que ven morir a sus hijos sin poder alimentarlos; niños que no llegan a ver el día de su adolescencia; hombres y mujeres sin trabajo; jóvenes que por esto mismo se refugian (y mueren) de alcoholismo y drogadicción o que desposeídos de toda esperanza se dejan enajenar y se ven obligados, como soldados, a ir en calidad de carne de cañón contra sus propios pueblos; y aún más, gente que sí tiene trabajo, pero infamante, mal pagado, peligroso, como ejemplo, el de los mineros.

Hay dolor, hay miseria, hay desesperación y con la gente que la sufre, es con quien se debe ejercitar la solidaridad universal independientemente de su raza, de su religión, de sus tradiciones.

Habría que empezar por cambiar nuestra egoísta forma de ser que solamente tiene a flor de boca y en su íntimo pensamiento el “ay, qué mal me va”, por un pensamiento incluyente, en primer término de los problemas de nuestros vecinos próximos; de nuestros indígenas eternamente sobajados; de los campesinos que ven morir sus tierras arrebatadas por emporios residenciales y turísticos de cinco estrellas, propiedad de gente que no sabe ni siente ni le importa la entrañable y amorosa relación secular que existe y ha existido entre el hombre y la tierra, la generosa madre tierra.

Y cuando se nos estrangulen las vísceras por el despojo del que está siendo objeto nuestro país, México, que está a punto de perder su estatus de país soberano en manos de avaros gobernantes corruptos, financieros voraces, comerciantes sin escrúpulos, especuladores de toda laya, apátridas todos ellos, no dejemos de tener presente en nuestra vida diaria la tarea irrecusable de unir fuerzas con los pueblos hermanos de Latinoamérica, y de generar solidaridad con todos aquellos que en las diferentes latitudes del mundo son víctimas de la explotación antihumana.

Es hora de exigir respeto para América y para Africa, europeos. Pero, africanos y lationamericanos: para ello es también indispensable que nos despojemos de la impronta colonialista que hemos dejado que nos apabulle en una resignación inicua y que nos impide tener respeto por nosotros mismos. .Este respeto por nuestro ser, por nuestra identidad está, por otro lado, en relación dialéctica con la solidaridad universal: uno y otra se retroalimetan y en verdad es la única y eficaz manera de salvar a la humanidad, de salvarla para todos.

¡Hagamos de la solidaridad universal la razón de ser de nuestras vidas!

martes, 22 de julio de 2008

COMETAS EN EL CIELO


Un 10 de marzo de cualquier año reciente, cuando soplaba un viento fuerte en la ciudad de México, Irma, jefa del departamento de ropa infantil del Liverpool de Perisur, se encontró a las 17:30 con Marianita, mujer de 60 años de edad, afanadora en los baños de mujeres de la misma tienda departamental. Irma, apenas 36 años cumplidos, le ofreció un aventón en su auto ya que ambas viven por el mismo rumbo, por Copilco, frente al Superama.

El tránsito en Insurgentes estaba pesadísimo, los vehículos invasores iban a vuelta de rueda. Antes de llegar a Rectoría, Irma decidió virar a la derecha para ir por dentro de CU, pero allí la cosa estaba igual o peor. A la altura de la alberca universitaria, Marianita, de quien se dice que siempre ha sido una persona muy diligente, prefirió bajarse y caminar porque no soportó la tiranía del abigarrado e indolente tránsito.

Y así, a pesar de que, después de seis horas de trabajo, le dolían las piernas y los pies, se dio a recorrer paso a paso la distancia entre la alberca de CU y Copilco. Atravesó la Facultad de Arquitectura y fue a salir a un lado de Las Islas, a la explanada. Los dolores de sus miembros inferiores se agudizaron, comenzó a sentir terrible fatiga y, en ausencia de alguna banca para descansar, temió desmayarse.

Pero hete aquí que en Las Islas había decenas de muchachos izando y tratando de izar multicolores cometas. Ella levantó la vista y quedó maravillada. En el cielo, a esas horas de un azul luminoso, insólito en el De Efe, danzaban, revoloteaban, hacían mil piruetas dragones, tortugas, rombos, círculos, mariposas y otras inverosímiles y ligeras formas hechas de papel de china. Algunas ya habían escapado de las manos de sus dueños y, según ella, estaban, aún visibles, más cerca de Dios que de Las Islas.

Por supuesto, Marianita a duras penas, tardó en llegar a su hogar más de media hora; pero la noche de ese 10 de marzo ella concilió deleitosamente su sueño, un sueño azul floreado de cometas que Irma, aprisionada en su Chevy, no tuvo oportunidad ni siquiera de imaginar.

lunes, 14 de julio de 2008

¿BUSCA USTED EMPLEO?

La señora Carmelita de Lux sale varias veces al día: a las 7:00, en su auto, lleva a los niños a la escuela; después vuelve al hogar, se baña, se arregla y desayuna; ocasionalmente mira el periódico. Luego acude al supermercado a comprar quién sabe cuántas cosas. De pasada, entra al VIP’S para tomarse una taza de café con Elenita, su amiga y vecina que todos los días acude también a la misma hora, con el mismo propósito: tomar café y parlotear.

Cuando regresa, ya Chole ha hecho las camas y ha pasado la aspiradora. Doña Carmelita gusta de guisar ella misma, con la ayuda de Chole, claro, y cuando termina, a la una, va a recoger a los chicos; ya en casa, comen, conversan un rato; a veces les pregunta cómo les fue en la escuela y luego les dice:” vean tele una hora, pero en seguida, a la tarea”. A las cuatro de la tarde, muy peripuesta y en traje deportivo, vuelve a salir; va a su clase de yoga y retorna a las seis.

Y siempre, siempre, siempre, a toda hora, ve allí, a la entrada de la Unidad Habitacional que está frente a su casa, al hombre de la camisa roja, al de los lentes oscuros, y de la tez requemada. ¿Qué hace este hombre? Dicen que hace trabajos de plomería. A ella le provoca atención por la persistencia.

Una vez, la señora de Lux lo mandó llamar para que revisara la flama de su estufa. El hombre de la camisa roja, malencarado, casi grosero, fue, apretó un tornillo y le cobró setenta pesos. ¿Habrá otras personas que soliciten sus servicios?

Como sea, a las siete, a las diez, a la una, a las cuatro, a las seis, todos los días de lunes a sábado el hombre está allí, sentado en una bardita, con sus lentes oscuros, con su piel renegrida, leyendo algún periódico viejo, mirando pasar a la gente, al tiempo; al pie del cañón como buen soldado, esperando… ¿qué?

domingo, 13 de julio de 2008

OLOR A ZORRILLO

Si tú no eres gente campesina, pero has viajado a algún lugar de nuestro país por carreteras que atraviesan bosques y campos, habrás percibido en ocasiones un olor lejano que, se dice, es olor a zorrillo.

A algunas personas les gusta ese olor (el lejano, claro) quizá porque les trae amables recuerdos de su infancia cuando los papás los llevaban de día de campo; o de su adolescencia cuando iban de excursión con sus compañeros y compañeras de secundaria y no tenían mayores preocupaciones ni responsabilidades.

Sin embargo, es bien sabido que cuando un zorrillo expele su fétido líquido y llega a mojar la ropa o cualquier otra cosa, el olor es insoportable, horrible y tremendamente difícil de quitar por más que se lave el objeto sobre el cual cayó.

Que me perdonen los zorrillos por la comparación que voy a hacer, pues aparte de esta hedionda evicción que los caracteriza, son animalitos de apariencia simpática y amable; les tomo prestada pues, esa peculiaridad.

Pero antes voy a relatar algo que me sucedió y que viene a cuento con lo que quiero decir al referirme al olor a zorrillo.

Una vez a la semana viene una señora, como de 55 años, a ayudarme con el trabajo doméstico. Ella es una magnífica persona a quien conozco de hace mucho y con quien tengo una relación amable y respetuosa; a veces le presto algunos DVD para que los domingos los vea en su casa con su familia o se lleva también libros que le interesan de mi no muy surtida biblioteca que sobre todo tiene obras de historia, pero también novelas de intriga que son los que más le gustan a ella.

Pues bien, esta mujer, doña Rosa, que tiene entre sus cualidades un oído magnífico, escuchó un día lo que yo escuchaba al estar viendo un video de TEVES y se apresuró a preguntarme “si había ganado…” Yo le dije que sí, que claro y ella como que exhaló un suspiro de alivio. Sin embargo, me entró la duda: “¿a quién se refiere usted, doña Rosa?” y ella me contestó “Pues a la televisora que quería quitar Chávez en Venezuela. Le ganaron ¿no?”

¡Pero cómo, señora Rosa! ¿Por qué dice usted eso? ¡Ganó el gobierno!, ¡ganó el pueblo venezolano!, le dije, y ella me contestó: “Ay, pues como han estado diciendo en la televisión que ese Chávez es un dictador que quiere acabar con la libertad de expresión… pues yo creí que…”

Como conozco y estimo a doña Rosa, sin ánimo de ofenderla traté de explicarle que las cosas no eran así y que televisa y tv azteca sólo dicen mentiras, sólo calumnian, o tergiversan la información, según sus conveniencias –gana dinero . Si, me contestó, “mi hijo ya me ha dicho que para qué veo la televisión y que, en todo caso, vea el canal 11 y el 22 que no son tan malos”.

¿Ves, ahora, lo que quiero decir con olor a zorrillo?

Eso es lo que expelen los televisos y los aztecos; la infame programación que no contribuye a la educación de la gente, sino que, al contrario, la idiotiza, como sus infames telenovelas, sus reality shows, sus dizque informativos noticieros que no son sino vertederos de mierda en los que vomitan todo lo que sea nota roja, para el morbo; amenazas (¡ahí viene el coco!) de supuestos terroristas y lo mismo, las calumnias hacia los que protestan y luchan por sus derechos y los insultos y falacias contra los gobiernos latinoamericanos progresistas que sí ven por sus pueblos.

Ese es el olor a zorrillo marca televisa-azteca que ha caído sobre todos y todas las doña Rosa, gentes mexicanas de buena fe que han sido engañadas por años y años.

Hediondez que no se quita fácilmente, que todo lo infecta, que atenta contra la verdad, contra la bondad, la honradez, la solidaridad y la belleza.

Evacuación apestosa de aquellos a quienes no les importa otra cosa que hacer espectadores que consuman sus putrefactos productos para anestesiar sus conciencias y que se vuelvan, así, ahora y para siempre consumistas irredentos que contribuyan a la engorda de las bolsas de los ricos.

Los zorrillos, también llamados mofetas, mapurites o chingues, echan su líquido por el ano cuando se ven amenazados. ¿Será por eso que la TV mexicana lanza su olor a zorrillo, hoy con más ímpetu? ¿Porque quienes la patrocinan se están viendo amenazados, hoy con más razones y fuerza, por ciudadanos cada vez más concientes?

sábado, 12 de julio de 2008

EL DÍA DE... EN MEXICO


En México hay día para todo y para todos, día de la madre, día del padre, día del cartero, día del maestro, día de la enfermera, día del niño, día del soldado, día del anciano, día del árbol, ¡día del tamal!, día del agente de tránsito, día de la bandera, etc., etc. Y ¡cómo no! ¡día del minero!

PERO...

19 de febrero de 2006 ¡NO SE OLVIDA!


Hace ya más de dos años 65 mineros quedaron sepultados en la mina Pasta de Conchos. ¿Cuántos responsables de ese crimen han sido castigados conforme a la ley? ¿Cuántos más trabajadores mexicanos tienen que morir para que la patria sea de los que trabajan?

¿Cuánta ira, cuánto dolor se necesita para que cese la agresión contra la gente? Cuántas tragedias como esta tienen
que ocurrir para que todos reaccionemos YA?


jueves, 10 de julio de 2008

TIEMPO DE LLUVIAS



Hay algunos que cuando ven llover, ni se mojan ni se acongojan porque siempre, desde que nacieron, han tenido un techo sobre su cabeza; hay otros a quienes les llovió fuerte en su infancia, en su adolescencia, pero que luego tuvieron la fortuna de poder construirse un techo capital; de estos, también hay –muchísimos- que ven llover y ni se inmutan. Unos y otros adoran ciertas consignas: ¡Que se mojen otros!; ¡sálvese quien pueda!; ¡a mí mis tortas!; ¡cada quien para su santo! El pie de foto de todos ellos es una palabra que comienza con ego y termina con ismo